(Resolución aprobada en la 3ª Conferencia del PCPE)

 

La III Conferencia de Organización del PCPE condena la continua agresión de las potencias imperialistas a Siria, país que lleva 7 años en guerra y donde el imperialismo intenta hacerse con los recursos y posiciones geoestratégicas en la región.

Los últimos episodios, con la intervención militar directa de Turquía contra posiciones kurdas en el norte del país, muestran las contradicciones en el seno de la OTAN, agravan la situación y elevan el grado de implicación del gobierno de Erdogán en el escenario Sirio. Un gobierno imperialista, que tiene sus propias ambiciones fuera de sus fronteras y que recurre con frecuencia a la represión en el interno, con episodios como la detención y juicio del dirigente comunista Kemal Okuyan.

El PCPE denuncia el criminal papel de la OTAN, especialmente de EEUU e Israel, en la crisis siria. Nuestro partido muestra su solidaridad con el pueblo sirio y su apoyo a su legítimo gobierno.

(I) Acertadamente Lenin evaluó en 1920 que "el peor enemigo del bolchevismo en el seno del movimiento obrero" era el oportunismo, incluyendo su variante izquierdista el "revolucionarismo pequeñoburgués", el cual caracterizaba como "parecido al anarquismo o que toma algo de él y se aparta en todo lo esencial de las condiciones y exigencias de una consecuente lucha de clases del proletariado" (sub. nuestro).

Se hace necesario este recordatorio cuando desde hace algunos días, exactamente a raíz de la publicación de la Resolución del VIII Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela el cual parece que, comentado por muchos, pocos han estudiado y menos han argumentado cuando pasan a criticarlo. El gasto de tinta y de bytes que dicha Resolución logró en tan poco tiempo, se resume en buena medida al desarrollo de ideas por medio de las cuales muchos, demasiados quizá para la coyuntura, se unen para corear propuestas que impidan al PCV salir de la Historia, otros empeñados porque entremos en ella; algunos quizá más arriesgados plantean que estamos a metros (que digo metros, centímetros de estacionar el Volkswagen en el que Rómulo, Rafael y Hugo nos veían, en el estacionamiento de Miraflores y esta vez sin disparar un solo tiro). En fin, en los ríos de tinta que corren, hay unos cuantos empeñados en hacer entender a los comunistas que éste es el momento, y que la burguesía y el Imperialismo están a punto de morder el polvo de la Historia si sabemos, i n t e l i g e n t e m e n t e resolver la candidatura en la XIV Conferencia Nacional.

Este grupo, que no es la totalidad, asumen repentina, abrupta y espasmódicamente la necesidad de comunicarnos (vía internet) la inspiración divina llegada desde la silla donde teclean sus tácticas revolucionarias, sus principios insurreccionales y sus arengas inflamables a fin de que los comunistas tomemos el Poder y por fin ajustemos cuentas con la burguesía catirusia. Y lo asumen repentina, abrupta y espasmódicamente porque hacen del silencio su modo de vida cuando los comunistas salimos en defensa directa de los trabajadores despedidos desde la administración pública o privada; jamás se escuchan sus sabios consejos cuando planteamos un eje central de propuestas para salir de la crisis y que parte por descabezar cual enemigos de la Patria a los corruptos estén donde estén; en fin sólo aparecen cuando de elecciones se trata…

El Fruto del progreso nació

El tiempo de los sueños pasó.

Ciudades hechas de hormigón.

Autopista como distracción.

*Autopista (Obús).

Tras aquellos años idílicos de una falsa Transición, surgen en los barrios obreros de los pueblos de España una serie de grupos musicales con una nueva cultura industrial que rompen con aquellos espejismos que algunos nos pretendían vender con sus Pactos de la Moncloa. Sus canciones nos hablaban de la realidad social del momento como el paro, o los problemas de acceso a la cultura y educación de los trabajadores. Es el momento de Barón Rojo, Medina Azahara, Asfalto, Leño... Entre estos destacaban unos jóvenes de los distritos de Pacífico y Puente Vallecas en Madrid. Eran los Obús, que denunciaban los cambios urbanos que se estaban dando en torno a las periferias de las ciudades industriales con la llegada de las autopistas y otros supuestos cambios del progreso capitalista.

Hoy en día nos enfrentamos a muchos nuevos vocablos que provienen de diferentes movimientos de masas o ambientes puramente intelectuales sin contacto con las organizaciones de masas. Me estoy refiriendo a justicia ambiental, justicia climática, racismo ambiental o “reparación ecológica”. Sin despreciar al pueblo estadounidense, ni menospreciar a los que luchan allí, he de aclarar que estos conceptos vienen o se originan en los EE.UU., siendo, en ocasiones, muy ajenos a nuestra realidad. Intelectuales como Naomi Klein se encargan de dar difusión a estas categorías.

El término de justicia ambiental es el primero de todos estos y surge a la par el de racismo ambiental. Estos dos se originaron en un conflicto que surgió en 1980 en Carolina del Norte (EEUU) en contra de la localización de un vertedero. Por tratar de emplazar el vertedero en una zona principalmente poblada por población negra, con bajos ingresos, se le tachó de racista. El concepto de justicia ambiental, por tanto, surge como una reivindicación de derechos por actividades contaminantes, evidenciado que en las comunidades de bajos ingresos había un desproporcionado riesgo ambiental y salud. Este concepto fue evolucionando e incorporando elementos relativos al trabajo, uso de la tierra, transporte, vivienda y distribución de recursos, trasgrediendo su componente racial. Este concepto se fue arraigando internacionalmente y Bill Clinton en 1994 integra el concepto en la legislación estadounidense.

El 26 de Diciembre pasado, un poco antes de los inocentes y después de muchos años, las centrales sindicales junto a la Patronal y el Gobierno firmaron un acuerdo se subida del SMI para el año 2018 del 4% y para el 2019 y 2020 del 5 % y 10% respectivamente; pero condicionado a que la economía crezca por encima del 2,5% y que se creen 450.000 empleos al año.

El salario mínimo en España surge en 1967 afectando a todos los trabajadores y trabajadoras. Con anterioridad existía un salario mínimo distinto dependiendo del ámbito geográfico y del sector de producción. En 1994, tras la huelga de Enero de ese mismo año,una nueva reforma laboral del gobierno socialista de Felipe González crea los contratos de aprendizaje para menores de 25 años que permitieron pagar por debajo de este salario mínimo. Estos estuvieron vigentes hasta 1997, una medida que favorecía otra vez a los empresarios para que nos pagasen un 70% del SMI el primer año, un 80% el segundo y un 90% el tercero. Al cuarto no llegábamos, nos despedían.

Basta observar la indiferencia, cuando no la hostilidad, que en general se manifiesta respecto al drama migrante para preguntarnos sobre la rapidez con la que hemos olvidado que fuimos y somos un país de emigrantes. Que fuimos y estamos explotados vilmente por el capital. Conviene recordarlo. Aunque sólo sea para refrescar memorias y despabilar conciencias abusivamente adormecidas.

Sin pretender ser exhaustivos en la materia ni adentrarnos demasiado en el túnel del tiempo para buscar antiguos precedentes, podríamos considerar, grosso modo, que fue unas décadas anteriores al golpe de Estado fascista, en 1936, cuando se produjo una emigración masiva de trabajadores/as españoles/as a Argentina y a otros países de América Latina, por aquel entonces El Dorado de los parias de la Tierra española. Allí, a aquel continente desconocido y lejano, emigraron en largas y peligrosas travesías a través del Atlántico (alta mortalidad durante el trayecto marítimo) millones de vascos/as, canarios/as y gallegos/as en pos de una vida mejor.

Un 47’5% (2.079.340 votos) del electorado catalán, en unas elecciones con una participación histórica del 79,09%, han manifestado que no quieren ser españoles. Un 43’45% (1.902.061 votos) han manifestado que apoyan una España unida en forma de monarquía Parlamentaria. Por último, un 7’46% (326.360 votos) han votado por un proyecto republicano español basado en el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de Catalunya.

Si seguimos con los porcentajes, un 54’96% de los votantes se manifiestan republicanos y están a favor de la autodeterminación de Catalunya. En las elecciones del 2015 los votantes a favor de la independencia catalana fueron un 47,8% (1.966.508 votos).

El año 2010, hace menos de 8 años, el voto independentista, es decir, de personas que no querían ser explícitamente españolas, fue de un 11,56% (361.928 votos).

Ante este escenario el Reino de España es incapaz de dar una respuesta que por lo menos empuje el balón unas cuantas décadas, y que sostenga el proyecto de acumulación de riqueza de la oligarquía española una generación más. El gobierno del Partido Popular, que en Catalunya ha sido relegado a la última posición (algo que es también una fuerte anomalía política), solo ha sabido abordar esta nueva situación social con una respuesta que en Catalunya no hace más que aumentar la voluntad independentista de amplios sectores sociales. Por un lado, el trato discursivo, tanto político como mediático es dirigirse a los independentistas como “anormales”, “nazis”, “totalitarios”, “infantiles” o simplemente como una propiedad de todos los españoles. Por otro lado, la respuesta represiva basada en encarcelamientos, denuncias, grupos fascistas campando a sus anchas por semanas y la liquidación de la autonomía financiera y política; sólo provocan la reafirmación y el ensanchamiento de la voluntad separadora de España.

Imponerle a la humanidad el “sentido común” de esa inmensa minoría que es la burguesía, es un sinsentido descomunal que reina a sus anchas en un mundo donde: “La súper concentración de riqueza, imparable. Indica que la desigualdad social es una traba para eliminar la pobreza en el mundo. Tiene 1% de la población más recursos que todo el resto” [1]. Todo “Patas Arriba” decía Galeano. Al margen de cierto desprecio “popperiano” por el “sentido común” y lejos de algunas disquisiciones cientificistas, entiéndase aquí el “sentido común” como ese principio de cordura que una comunidad fija para delimitar conductas y y hacer valer acuerdos de convivencia. Especie de “leyes” sociales no escritas, sabiduría basada en el ensayo y el error y en cierto carácter conjetural del conocimiento venido de la experiencia común.  

Dicho con obviedades a destajo: en un mundo apremiado por el hambre, la pobreza, el desempleo, la exclusión y la humillación debiera ser inaceptable la explotación inhumana de los trabajadores y la producción de bienes suntuarios. Y, sin embargo, la moral burguesa lo acepta, y exhibe, con naturalidad irritante y con desparpajo insultante. En un mundo aterrorizado por la barbarie del belicismo mercantil, bañado con sangre de inocentes y ahogado en lágrimas de amarguras incalculables… no debería aceptarse forma alguna de colonialismo, esclavitud ni explotación por más felices que se sientan sus beneficiaros. En un mundo amenazado en todas sus formas de vida, agobiado por la contaminación de mares, ríos y lagos; depredado en sus bosques y llanuras, sacrificado con herbicidas, insecticidas y plásticos… debiera ser inaceptable el cinismo mercantil de las empresas que han puesto al planeta, su flora, su fauna y su recursos naturales, al borde de colapsos múltiples. “Sentido común”.

Los pensionistas, defendemos el sistema público de pensiones, con cuantías que permitan vivir con dignidad a las familias pensionistas y que están sean sostenidas por las cotizaciones y por impuestos a los grandes beneficios que obtiene la gran patronal.

En el 2017 se calcula que volverán a reducirse en 235 euros de media y, por lo que se refiere a la previsible evolución futura si nada lo remedia, pasarán a ser del actual 80% del último salario a tan sólo el 50% del mismo.

Los resultados de las sucesivas contrarreformas avaladas por el marco de Toledo, con el PP y el PSOE como impulsores y CCOO y UGT firmando algunas de ellas, están llevando a una panorama actual y futuro de las pensiones desolador: además del poder adquisitivo perdido este año, en el 2017 se calcula que volverán a reducirse en 235 euros de media y, por lo que se refiere a la previsible evolución futura si nada lo remedia,  pasarán a ser del actual 80% del último salario a tan sólo el 50% del mismo en las próximas décadas.

El remedio parece claro, sin embargo: pensiones a cargo de los presupuestos generales del Estado, crecimiento de los ingresos mediante imposición directa y progresiva y eliminación de las bonificaciones a las patronales, aumento de la cuantía para garantizar una pensión digna y suficiente (lo dice hasta la últimamente tan traída constitución monárquica!), jubilación al 100% a los 60 para facilitar la creación de puestos de trabajo

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